Vida y hazañas del bravo mirobrigense Capitán Don Francisco Montaño Capitán de Hernán Cortés – Conquistador de México que amarrado a una soga, fue bajado por sus compañeros al terrible foso humeante para recoger el azufre que, sedimentado, cubría las paredes rocosas y que los españoles requerían para fabricar pólvora.

Vida y hazañas del bravo mirobrigense Capitán Don Francisco Montaño Capitán de Hernán Cortés – Conquistador de México que amarrado a una soga, fue bajado por sus compañeros al terrible foso humeante para recoger el azufre que, sedimentado, cubría las paredes rocosas y que los españoles requerían para fabricar pólvora.

Los orígenes de Francisco Montaño

La familia de Francisco era, como muchas de allí emigradas, de origen gallego, asentada en el sur del Reino de León, Francisco era natural de Ciudad Rodrigo Salamanca, donde nació en 1503, hijo de Francisco López y Elvira Montaño naturales ambos de Ciudad Rodrigo.

Otras fuentes citan su nacimiento en 1499, y en ellas se invierten los apellidos haciendo el Montaño de su padre Francisco y el López de su madre Elvira. Estas fuentes coinciden no obstante en señalar Ciudad Rodrigo como su lugar de nacimiento. [1]

No obstante y a falta de registro anterior contrastable, el primer dato fehaciente aunque oficioso sobre este particular se puede fechar en 1538, cuando encontramos un registro en los libros de pasajeros a indias de su hermano Cristóbal. (Bermudez Plata, 1942, pág. Tomo 2 Pag. 294)

4906.- Cristóbal Montanos, hijo

de Francisco López y de Elvira Montano,

vecinos de Ciudad Rodrigo, a

Nueva España. I junio. V-108

 

 

En la expedición de Juan de Grijalva

 

Paso a Nueva España a la temprana edad de 15 años [2], aposentándose en Cuba, y a esa temprana edad formo parte de la expedición de Juan de Grijalva a las costas del Yucatán. (Thomas, 2001)

Los expedicionarios salieron del puerto de Matanzas (Cuba) el 8 de abril de 1518 y descubrieron las costas de la isla de Cozumel el día 3 de mayo, a la que llamaron Santa Cruz de Puerta Latina en la península de Yucatán.

Exploraron todo el litoral norte de la península y parte de las costas del golfo de México. En uno de los desembarcos, Grijalva y sus compañeros mantuvieron un sangriento combate y vencieron a los nativos de Chakán Putum (Champotón), en el mismo lugar donde había sido derrotada y diezmada la expedición de Hernández de Córdoba un año antes.

En el recorrido del 8 de junio de 1518 descubrieron lo que más tarde sería la provincia de Tabasco y el río que hoy lleva su nombre en Tabasco (río Grijalva), que pasa en medio de la ciudad de Villahermosa.

En Tabasco tuvieron noticias del imperio azteca, gobernado por Moctezuma II, los nativos Maya-Chontales le informaron que “hacia donde se pone el sol, en “Culúa” y “México” existe un imperio muy poderoso y rico en oro”, tras más de cinco meses de viaje las provisiones escaseaban, por lo que Grijalva decidió regresar a Cuba.

 

En la expedición de Pánfilo de Narváez

 

Francisco Montaño también participo en la expedición enviada para detener a Cortes. (Thomas, 2001) En 1518, desobedeciendo los mandatos del gobernador Velázquez, Hernán Cortés se embarcó rumbo a México, el gobernador envió a Narváez en su seguimiento con instrucciones de capturarlo vivo o muerto. Tras el desembarco de Narváez en Veracruz, sobrevino un período de luchas en las cuales muchos de los hombres que acompañaban a Narváez se pasaron a las filas de Hernán Cortés.

 

La batalla de Otumba

 

Francisco luchó bravamente en la batalla de Otumba donde resultaría herido. (Thomas, 2001) La batalla fue un enfrentamiento entre las fuerzas mexicas y aliadas encabezadas por el cihuacóatl Matlatzincátzin y las de Hernán Cortés conformadas por los conquistadores españoles y aliados tlaxcaltecas, que se llevó a cabo el 7 de julio​ de 1520 en Temalcatitlán​ —una llanura cercana a Otumba— durante el desarrollo de la Conquista de México. El resultado de la batalla fue una victoria para los españoles, la cual permitió a Cortés volver a reorganizar su ejército, el cual había sufrido bajas unos días antes en el episodio conocido como la Noche Triste.

Los mexicas no conocían la estrategia bélica ni los planteamientos tácticos propios de los ejércitos europeos. La intención de los mexicas no era matar a los españoles sino capturarlos para luego sacrificarlos, por esta razón, cuando Matlatzincátzin vio que los españoles eran pocos, ordenó a sus hombres que los rodearan.

Hernán Cortés pronto se percató de la intención de los aztecas y ordenó a la tropa española formar un círculo colocando a los piqueros en la parte exterior del mismo para ir repeliendo los ataques. Entonces comenzó una intensa batalla en que los españoles y sus aliados resistieron durante horas en una lucha cuerpo a cuerpo, intercambiando flechas por disparos de ballesta. La infantería española mantenía la posición cerrada, soportando las embestidas de los mexicas, utilizando sus picas, espadas y bien protegidos por sus corazas y rodelas.

 Las cargas se iban sucediendo, pero la infantería, aun con dificultades aguantaba. Los españoles rompieron varias veces el cerco azteca causando bajas a los adversarios. Los mexicas reemplazaban en el acto las bajas con nuevas tropas y volvían a cargar contra los españoles. Es entonces cuando Cortés comunicó a sus hombres más cercanos un plan. Por sus aliados tlaxcaltecas supo que matar al cihuacóatl y obtener su estandarte real decidía batallas entre los mesoamericanos, así que propuso realizar una carga de caballería para romper el cerco y llegar al cerro donde se encontraba Matlatzincátzin, el jefe militar de los mexicas. Tras romper el cerco, Diego de Ordás quedó al mando de los soldados de infantería y Cortés se hizo acompañar de Gonzalo Domínguez, Cristóbal de Olid, Gonzalo de Sandoval y Juan de Salamanca para ejecutar la maniobra contra Matlatzincátzin. Tras invocar a Santiago —según cronistas como Díaz del Castillo—, los jinetes españoles se abrieron paso entre sus contrincantes. Cortés derribó a Matlatzincátzin y Salamanca lo mató con su lanza, apoderándose del tocado de plumas y el tlahuizmatlaxopilli (estandarte de guerra) de los mexicas. El ejército mexica rompió filas al no tener un mando y comenzó la retirada. De esta manera se consumó la victoria de los españoles que, sin ser perseguidos, pudieron replegarse con tranquilidad a Tlaxcala.

 

La hazaña del Popocatépetl

 

En el verano de 1521 en el contexto del asedio a Tenochtitlán Francisco formaba parte de la expedición a Coyoacán dirigida por Cortés. Ante la necesidad de fabricar pólvora para los cañones y culebrinas, surgió la necesidad de hacerse con los materiales para su fabricación. La obtención del nitrato y del carbón necesario no era un problema, ambos materiales se encontraban en el terreno y era fácil extraerlos, pero el azufre era otro cantar. Cortes ordeno una peligrosa y difícil ascensión al cráter del volcán Popocatépetl (5.500 metros s.n.m.) para extraer el azufre que, por una anterior expedición de Cristóbal Olid (primer europeo en subir al volcán), sabían que se depositaba en las rocas del interior. Esta tarea se encomendaría a Francisco Montaño, el cual realizo la proeza de descender a las entrañas del volcán. [3]

Mexico-Popocatepetl.jpg
El volcán Popocatépetl visto desde el  Paso de Cortes

Acompañado de otros dos soldados llamados Larios y Mesa y algunos de sus aliados indios acometieron con los precarios medios de la época el ascenso al volcán, en cuya cima predominan bajísimas temperaturas. Sus compañeros le ayudaron a descender al interior, “habiéndole caído en suerte, se atrevió a bajar atado a una soga a la gran profundidad de un monte altísimo y hueco, en forma de pozo, llamado Volcán de Méjico, que brotaba fuego, para sacar de él piedra azufre, para hacer pólvora”.

Como resultado de la hazaña y en no menos de 6 viajes, extrajo 8 arrobas (unos 90 kilos) del mineral cargándolas en un capazo a su espalda. Su compañero Larios le relevaría en otros tantos viajes con los que se hicieron con la necesaria provisión de azufre para reponer las reservas de pólvora. Los indios acompañantes no daban crédito a lo que veían sus ojos, considerando una hazaña lo que estaban presenciando.

En 1540 se le concedió escudo de armas por sus méritos durante la conquista. “E se le dieron por armas el mismo volcán, verde, cubierto de nieve, brotando llamas”. (Crespo del Pozo).

Armas Francisco Montaño
Armas de Francisco Montaño – 1540

Hoy en día, una placa a los pies del volcán recuerda la hazaña.

 

El sitio de Tenochtitlán

 

Cortés carecía de autoridad legal para llevar a cabo su plan, un hecho que volvería más tarde para atormentarle en su regreso a España, pero a pesar de ello se lanzó a la conquista. Según se adentraba, Cortés pronto se encontró con una serie de tribus contra las que se desarrollaron algunas escaramuzas, como las de los Totonacas y los Tlaxcaltecas. Bernal Díaz del Castillo escribió que probablemente no habrían sobrevivido si fuera por Xicohténcatl el viejo, pero triunfó el deseo de una alianza con Maxixcatzin, quien optó por aceptar la alianza con Cortés y contra los Mexicas. Con Moctezuma cautivo, Cortés no necesitó preocuparse por ataques o falta de suministros. Asimismo, asumió que podría controlar a los mexicas a través de Moctezuma. No obstante, Cortés desconocía los sistemas de gobierno de los mexicas; Moctezuma no era todopoderoso, como imaginaba Cortés. [4]

Llegados a la capital, los españoles tomaron el control de todos los pueblos y ciudades en las orillas del lago, bloquearon las salidas y cortaron el acueducto que traía agua a la ciudad. Mandaron una flota de 12 bergantines con un cañón cada uno y miles de balsas indígenas que arrasaron la flota mexica. Cortés esperaba la rendición rápida de la ciudad, pero dentro de ésta Cuauhtémoc ejecutó a todos los nobles que apoyaban el negociar con los españoles. Los mexicas se atrincheraron en la ciudad bloqueando el puerto y los puentes y emergieron conflictos internos en las fuerzas sitiadoras, Antonio de Villafaña pretendía asesinar a Cortés y Xicohtencatl tuvo la firme intención de renunciar al bando español. Ambos fueron ejecutados.  Cuando vino el ataque español por tierra y agua los mexicas lucharon casa por casa defendiendo su ciudad. El combate se convirtió en una batalla urbana.

Francisco participó en el sitio de junto a Pedro de Alvarado y fue uno de los primeros en subir al famoso templo mayor, donde fue herido en la cara.

Los mexicas se rindieron el 13 de agosto de 1521. Cuauhtémoc fue tomado como rehén y posteriormente ejecutado. [5]

Expedición a Michoacán

 

Después de la toma de Tenochtitlan por los españoles y de haber subordinado a los purépechas, Francisco Montaño, que se había aventurado hasta Tzintzuntzan, recogió un informe de los michoacanos que decían que al poniente del imperio del Caltzontzin se encontraba un lugar dominado por el Rey Colimotl. Hernán Cortés, pensó en conquistar Colima, pero Juan Rodríguez de Villafuerte precipito sus planes al desobedecer sus órdenes y ser el primero en explorar la zona, a su llegada a Trojes es derrotado en una emboscada del Rey Colimán. Poco después decidió encargarle la empresa a Francisco Álvarez Chico. Este salió con un pequeño ejército por el camino de Toluca, hacia la costa Michoacana. Al cruzar con los suyos, un desfiladero en Colima los colimenses atacaron por sorpresa, Francisco Álvarez Chico, junto con otros españoles, fueron derrotados en la Batalla por el Rey Colimán en el Paso de Alima o Palenque de Tecomán. Después de esta derrota la expedición punitiva fue confiada a Cristóbal de Olid que en 1522 fue enviado a conquistar Michoacán, provincia que conquista en nombre de Hernán Cortés. [6]

 

Vida posterior

 

Participaría también en las expediciones de conquista, Tututepeque, y Honduras a las órdenes de Cristóbal Olid.

Como recompensa por sus esfuerzos en la conquista recibió varias encomiendas, algunas de las cuales fueron posteriormente confiscadas, por lo que mantuvo varios pleitos para recuperarlas. (Gonzalez Ochoa, 2003). En la Historia de la Conquista de Cervantes Salazar se refiere a estas encomiendas situándolas en el obispado de Tlaxcala, y se confirma que fueron confiscadas por Cortés “sin causa alguna”, y sin remuneración o compensación. (Cervantes de Salazar, 1546)

Los pleitos debieron, al menos en algún caso ser favorables para Montaño ya que de una de las encomiendas, concretamente la del pueblo de Zapotitlan, sabemos que;

 “a mediados de siglo tenía 1347 vecinos con sus hijos y tributaban patoles (fruta), guacheles (caña), cacao y sal, y era una posesión de Francisco Montaño y los hijos de Gaspar de Garnica”. (Nettel Ross, 2007, pág. 238)

Casado con Doña Leonor Pérez en fecha no determinada, tuvo nueve hijos y dos hijas de los que conocemos al menos los nombres de Baltazar, Catalina, Diego, Alonso y Juan.

En un registro de mayo de 1581 en los catálogos de pasajeros a indias se hace mención de su esposa y uno de sus hijos menores, Juan,  que se traslada a México tras su estancia en España donde habría sido educado en la carrera eclesiástica. (Bermudez Plata, 1942, pág. 69 del tomo 6)

3.794. JUAN MONTAÑO, clérigo presbítero, natural de México,

hijo de Francisco Montaño y de doña Leonor Pérez, a

Nueva España. 27 mayo

En 1531 hizo “Probanza de méritos y servicios” en México, actualmente extraviada sabemos de ella gracias a que la utiliza ampliamente Francisco de Cervantes Salazar en su Crónica de la Nueva España, escrita entre 1557 y 1564. (Benedict Warren, 2007)[7]

Murió en fecha incierta posterior a 1576.

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

Benedict Warren, J. (2007). La conquista de Michoacán. Michoacán: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Bermudez Plata, C. (1942). Catalogo de Pasajeros a Indias (Vol. 2). Sevilla: La Gavidia.

Cervantes de Salazar, F. (1546). Historia de la Conquista. Alcala de Henares.

Crespo del Pozo, J. S. (s.f.). Blasones y Linajes de Galicia.

Gonzalez Ochoa, J. M. (2003). Quién es quién en la America del Descubrimiento. Madrid: Editorial Acento.

Nettel Ross, R. M. (2007). Los testigos hablan: la conquista de Colima y sus informantes. Colima: Universidad de Colima.

Thomas, H. (2001). Quien es quien de los conquistadores. Barcelona: Salvat Editores.

[1] Los registros parroquiales de Ciudad Rodrigo como los de toda su diócesis arrancan avanzado ya el siglo XVI por lo que no podemos constatar de manera fehaciente si el Montaño era de padre o de madre, en esa época era habitual que los segundones de las casas siguieran la carrera de la milicia y adoptasen indiferentemente el uso del apellido del padre o de la madre o incluso de los abuelos, hasta el punto de que muchas veces ninguno de los hermanos tenía el mismo apellido.

 

[2] 15 o 19 años dependiendo de la fecha de nacimiento de las fuentes que se citan.

[3] Coyoacán era uno de los señoríos sujetos a México-Tenochtitlan. En esa época era gobernado por Cuauhpopoca, emparentado por las alianzas matrimoniales con los tlatoanis mexicas y administrador de las tierras del Totonacapan. Cuauhpopoca compartía —con otros miembros de la realiza tenochca como Cacama— la opinión de que había que combatir a los españoles, que habían entrado en los dominios mexicas por el norte del actual estado de Veracruz. En abril de 1519 los totonacos, apoyados por los españoles, intentaron resistirse al pago del tributo a México-Tenochtitlan. Los mexicas sometieron a los totonacos, que abandonaron a los españoles a su suerte. Juan de Escalante fue decapitado y su cabeza fue enviada a Moctezuma Xocoyotzin. Con este pretexto, Hernán Cortés ordenó la prisión para Moctezuma y la ejecución de Cuauhpopoca, dando inicio a las hostilidades entre los mexicas y los españoles y sus aliados.

[4] El acceso al trono y su mantenimiento dependían de la habilidad para gobernar, pudiendo ser reemplazado fácilmente por otro noble si fallaba. Al primer signo de debilidad, los nobles mexicas tenían la responsabilidad de rebelarse. A medida que Moctezuma cumplía las demandas de Cortés, como reunir tributos para los españoles, su autoridad iba disminuyendo, y su gente comenzaba a volverse en su contra rápidamente.

[5] Los mexicas huyeron de la ciudad ya que las fuerzas españolas y sus aliados continuaron los ataques incluso después de la rendición, masacrando a miles de habitantes y saqueando la ciudad. Dado que ésta no era una práctica habitual en las guerras europeas, cabe suponer que los aliados indígenas de Cortés tenían más influencia sobre él de la que él mismo suponía. Los supervivientes abandonaron la ciudad en los siguientes tres días. Casi toda la nobleza estaba muerta, y los supervivientes restantes eran en su mayoría niños muy jóvenes. Se estima que 240.000 mexicas murieron durante el asedio, que duró ochenta días, por su parte Cortés cifra las muertes en 67.000 por combate y 50.000 de hambre. ​En las fuerzas españolas, sobrevivieron 900 soldados, 80 caballos, 16 piezas de artillería y 13 bergantines. Es comúnmente aceptado que los aliados indígenas de Cortés, que podrían haber sumado hasta 200.000, fueron los principales responsables del éxito, aunque su ayuda pasó virtualmente inadvertida y, aparte de librarse de los mexicas, obtuvieron pocos beneficios. Dado que varios grupos grandes se contaban entre los aliados, ninguno en particular fue capaz de alzarse con el poder, algo de lo cual se benefició Cortés.

 

[6] Cortés confía la siguiente expedición a Gonzalo de Sandoval, que derrota en el Palenque de Tecomán a los tecos o colimecas, donde se rindió el Rey Colimán.

 

[7] Aunque Montaño tuvo oportunidad de narrar personalmente a Cervantes de Salazar su ascensión al volcán Popocatépetl, para conseguir azufre y hacer con él la necesaria pólvora, también le dio una Relación escrita, en la que exagera su participación en la conquista de Michoacán, mucho más incluso de lo que ya había hecho en su hoy desaparecida Probanza de Méritos y Servicios del 11 de agosto de 1531.

 

Fray Francisco Bonifacio Estévez Santos Guardián del Convento de San Francisco extramuros de Ciudad Rodrigo. Superior del Convento de la Orden de la Santísima Trinidad – Redención de Cautivos de Ciudad Rodrigo Miembro de la Junta de Armamento y Defensa, mas tarde Junta Superior de Castilla la Vieja.

Fray Francisco Bonifacio Estévez Santos Guardián del Convento de San Francisco extramuros de Ciudad Rodrigo.  Superior del Convento de la Orden de la Santísima Trinidad – Redención de Cautivos de Ciudad Rodrigo Miembro de la Junta de Armamento y Defensa, mas tarde Junta Superior de Castilla la Vieja.

Francisco Bonifacio era hijo del segundo matrimonio de Francisco Estévez Garzón [1]  [2] (ca1715-1791), natural de Villavieja de Yeltes y de María Santos Arroyo (ca1720-1788), natural de Hinojosa de Duero, fueron sus abuelos paternos, Pedro Estévez y Manuela Vicenta Garzón, naturales ambos de Villavieja de Yeltes, y los maternos Francisco Santos Arroyo y Ana María Hernández León, ambos naturales de Hinojosa de Duero. Contrajeron matrimonio el 28 de diciembre de 1741.

1749 05-14 Francisco Bonifacio Estevez
Registro de Bautismo

Francisco Bonifacio nació en la villa de Hinojosa de Duero el 14 de mayo de 1749, como consta en su partida de bautismo inscrita en el folio 172 del Libro Noveno de Bautismos de Hinojosa de Duero, fue bautizado el 23 de ese mismo mes por el párroco de la Iglesia de San Pedro, reverendo padre Don Agustín Vidriales[3]. Fue su padrino de bautismo su abuelo materno, Francisco Santos Arroyo, firmaron como testigos Juan Lorenzo, Sacristán de la Parroquia de San Pedro y Juan Santos Arroyo, su tío materno, y se le bautizó con los nombres de Francisco Bonifacio.

Armas personales Estevez Galicia
Armas familiares de Estévez de Villavieja de Yeltes

Francisco Bonifacio tuvo (aparte del habido del primer matrimonio de su padre, que no sobrevivió) al menos dos hermanos, María (1742) y Joseph (1753-ca1805), (tatarabuelo materno de mi abuelo Tomas Vidriales Estévez, su madre, mi bisabuela, Teresa Estévez Medina[4] era, por tanto, sobrina bisnieta de Francisco Bonifacio).

Arbol genealógico de Fray Francisco Bonifacio.jpg
Árbol genealógico

Fruto de la profunda devoción familiar, en fecha desconocida, aunque bien pudiera ser alrededor de 1770, tomo los hábitos como monje de la Orden de Franciscanos e ingreso en el convento que la Orden tenía en Ciudad Rodrigo y que estaba desde su fundación bajo el patronato de la familia del Águila, Marqueses de Espeja y alcaides permanentes de la fortaleza y castillo de Ciudad Rodrigo.

En el espacio de tres años fallecerían primero su madre, el 23 de mayo de 1788 y su padre, el 10 de octubre de 1791.

En el capítulo de la Orden, celebrado en Béjar (Obispado de Plasencia) el 19 de mayo de 1804, con 55 años recién cumplidos, fue nombrado Guardian del Convento de San Francisco extramuros de Ciudad Rodrigo. (Obispado de Ciudad Rodrigo – Hinojosa de Duero – Parroquia de San Pedro – Defunciones y memorias funerales 1800-1819)

1804 registro de nombramiento
Registro del nombramiento como Guardián del Convento de San Francisco de Ciudad Rodrigo.

En el primer Sitio de Ciudad Rodrigo durante la Guerra de Independencia, el Convento sería utilizado como puesto de avanzada de los defensores, en su torre se situaron tiradores para hostigar las operaciones de sitio y como consecuecia de ello sufrio terribles bombardeos por parte de la artilleria francesa, instalada en el Teso Grande, que lo dejaron reducido a ruinas, siendo la pared este y la del abside de la iglesia, los únicos elementos que actualmente se conservan.

Ubicacion y restos del Convento de San Francisco
Disposición sobre plano actual de las dependencias del Convento de San Francisco, en color rojo los elementos que se conservan actualmente

El 18 de marzo de 1807, muy probablemente por su influencia en la Orden, fue nombrado Maestro de Estudiantes del Convento de San Francisco estramuros de Ciudad Rodrigo su sobrino, Fray Manuel Estévez Hernández, Fraile Regular de San Francisco, cargo en el que tomaría posesión el 1 de abril siguiente. (ver imagen 3 Arbol Genealogico). (Obispado de Ciudad Rodrigo – Hinojosa de Duero – Parroquia de San Pedro – Defunciones y memorias funerales 1800-1819)

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Nombramiento de Fray Manuel Estevez como Maestro de Estudiantes

Año y medio despues  Fray Manuel Estevez seria nombrado Lector de Artes del Convento de San Francisco por S.P.M.R. Fray Jose Dominguez Provincial de la Sta. Provincia del Arcangel San Miguel, el 30 de octubre de 1808.

1808 10-30.jpg
Nombramiento de Fray Manuel Estévez como Lector de Artes

Guerra de Independencia

El movimiento hostil a los franceses comenzó en nuestra población desde que el gobernador placentino comunicó, el 4 de mayo de 1808, lo ocurrido en Madrid el día 2 antecedente; “Este día se alarmó toda la ciudad, se dispuso montar en la muralla la artillería, y desarmar à los franceses que aquí había, y guardar con centinela de vista al comisario que tenían; mas como el 7 de mayo escribiesen de oficio de Madrid que todo estaba tranquilizado, nuestro Gobernador Don Manuel de Ariza (sic), puso en libertad à los franceses, y por no darles en que sospechar según decía, mandó también baxar de la muralla algunos cañones y municiones.” (El Heroismo Mirobrigense de 1808 a 1810. La Historia contada por sus habitantes., 2016, pág. 34)

En los primeros dias de junio se ocasionaron una serie de incidentes como consecuencia de la inaccion del Gobernador Ariza que acabarían en tumultos populares al grito de “mueran los traidores”, la multitud asaltó la casa del gobernador y como consecuencia de ello se produjo el linchamiento del gobernador Ariza y otros destacados afrancesados. Se establecio la Junta de Armamento y Defensa, “separado del Gobierno á quien le tenia y nombrado en su lugar al teniente del Rey Don Ramon Blanco Guerrero, asociado de tres hacendados de ella, del capitán de Ingenieros, del comandante de Artilleria, de los quatro Prelados de las Comunidades[5], de los Párrocos de las Iglesias, y de quatro canónigos por el Señor Obispo, que fueron el Señor Dean, Arcediano de Ciudad Rodrigo, Arcediano de Sabogal, y Canónigo Doctoral, con otros varios”. (El Heroismo Mirobrigense de 1808 a 1810. La Historia contada por sus habitantes., 2016, pág. 34) Los tumultos cesaron tras la intervención del Obispo Fray Benito Uria y una vez la ciudad en calma, la Junta de Defensa y Armamento se dedico rapitadamente a tomar cuantas disposiciones fuesen necesarias para poner la plaza en estado de defensa. Durante los últimos meses de 1808, Ciudad-Rodrigo proclamó solemnemente á Don Fernando VII, se reclutaron milicias en la ciudad y se enviaron peticiones de ayuda a los pueblos, tanto de la provincia como de las limitrofes, se  hicieron grandes acopios de víveres y municiones, se repararon sus murallas y se taló la alameda nueva del Campo de Toledo. Comenzóse en 22 de marzo de 1809 la tala de las alamedas viejas del rio para emplear sus árboles en blindages convirtiéronse en cuarteles la capilla de Cerrálbo y el seminario conciliar y previendo las contingencias de un sitio próximo, se prohibió á los panaderos, bajo la multa de cuatro ducados, que vendieran.más de dos panes diarios á cada forastero, cuando éste los hubiera de sacar de la ciudad. (Rendon, 1882, pág. 154)

Fray Francisco, contaba en 1809 sesenta  años de edad y por estas fechas ya se encontraba en el Convento de la Trinidad. En la obra de Sanchez Cabañas se le cita como Superior (Presidente) del Convento de la Trinidad Calzada “El Rvdmo. P. Fr. Francisco Estévez, presidente en su convento de la Trinidad Calzada” (Sanchez Cabañas, 1861, pág. 175).

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Plano del Arrabal de San Francisco de 1801 – N.º 29 Convento de la Trinidad, N.º 30 Convento de Santo Domingo, N.º 31 Convento de Carmelitas, N.º 33 Convento de San Francisco

La Orden de los frailes Trinitarios tenían su convento originalmente en Barquilla, fundado y construido en 1507 por una generosa donación de Juan Mangas y su esposa Elvira Mendez, a media legua del pueblo, junto a la ribera y dehesa o Castillo de Gardón, rayano con la frontera portuguesa “a do dicen Val de Ynelgos”y alli se instalo la pequeña comunidad durante casi cincuentas años. En 1553, a causa del lugar malsano solicitó la comunidad al Sr. Obispo, D. Diego Ponce de León, un espacio en la Ciudad, pues ademas, la pequeñez del pueblo los tenía inactivos pastoralmente. El prelado les dio la parroquia de San Silvestre, pero no pudieron edificar su convento por estar rodeada de edificios particulares. El año 1554 se les cedió la parroquia de la Trinidad en el lugar que hoy ocupan las Carmelitas y que se hallaba sin feligreses. Allí edificaron su primer convento llamado de Nuestra Señora del Gozo. Veintitres años después alzaron su segundo convento en las inmediaciones del Árbol gordo, de buena y bella fabrica, en su iglesia había tres imágenes de la Virgen con los titulos  de Los Remedios, del Socorro y de la Gracia o del Ave María, muy veneradas por los fieles. En 1655 vivian en el Convento once religiosos y por el 1691 lo habitaban veinte, de los que trece eran sacerdotes, cinco cantores y dos legos. La Iglesia de la Trinidad continuó como ermita de Nuestra Señora del Gozo y el Convento de Barquilla, llamado de “La Trinidad del Gozo” tampoco fue abandonado del todo, pues siempre hubo algunos religiosos para administrar la hacienda y dispensar los sacramentos. En una escritura del Convento de Ciudad Rodrigo de 6 de noviembre de 1562 aparece “fray Juan Gil”, el futuro redentor de Miguel de Cervantes en 1580. (Porres Alonso, 2000, pág. 677)
A finales de 1809 (1/11) y para suplir la muerte del gobernador que había sido nombrado tras la muerte de Ariza, se incorporo a la La Junta de Defensa el General Don Andres Pérez de Herrasti, y a propuesta de los ingenieros que organizaban la defensa urbana se adoptaron nuevas disposiciones, “entre las medidas adoptadas, para eliminar un obstáculo en la defensa, que al mismo tiempo fuera un recurso utilizado por el ejército napoleónico, se acordó derruir el convento de la Trinidad Calzada, extramuros y próximo a la muralla reduciendo ese espacio a solar, ya que sus materiales fueron utilizados en otras obras”. (El Heroismo Mirobrigense de 1808 a 1810. La Historia contada por sus habitantes., 2016, pág. 237).
Como uno de los miembros que formaban parte de la Junta, primero  de Armamento y Defensa y mas tarde Junta Superior de Castilla la Vieja[6], Fray Francisco Estevez tomo parte activa en cuantos acuerdos y disposiciones se adoptaron en la defensa de la plaza. Su puesto como Guardian del Convento de San Francisco ya habia pasado a Fray Juan Guerrero en estas fechas y en el permanecía como Lector su sobrino, Fray Manuel Estevez.

Las disposiciones de la Junta incluyen una futura indemnización a la Orden por las medidas adoptadas “Avisando como se ha hecho al reverendo superior de aquella comunidad, providencie sobre los efectos que le pertenecen y prometiéndole que las piedras que resulten de la ruina, siendo necesarias para la construcción de un pequeño foso y la consolidación de un torreón antiguo que está en mal estado, cuyas obras se van a emprender, se pagarán de cuenta de la Real Hacienda, según la valuación que se haga por el director general del Real Cuerpo de Ingenieros cuando las circunstancias de la nación lo permitan.”.  (Muñoz Garzón, 2015)

En La Historia de Ciudad Rodrigo de Sánchez Cabañas se detalla; “El convento de la Trinidad , que por estar situado á tiro de pistola de las murallas de la plaza, sobre la derecha del frente de la puerta del Conde, era uno de los padrastros que mas nos podían perjudicar en el caso de un sitio, se procedió inmediatamente á demolerlo, aprovechando sus materiales para la construcción del revellín á que se dio el nombre de san Andrés, y con la mayor parte de los escombros se rellenaron al mismo tiempo muchas desigualdades y barrancos del terreno inmediato al glasis, que igualmente pueden sernos perjudiciales”. (Sanchez Cabañas, 1861, pág. 183). En la falsa braga se hicieron cinco grandes cuerpos de guardia para el abrigo de la tropa que los guarnecía, construyéndolos y techándolos con la piedra, madera y tejas de las oficinas accesorias del convento de la Trinidad demolido. [7]

La comunidad de Trinitarios hubo de refugiarse en el interior del recinto amurallado durante el resto del conflicto. Tenemos poco conocimiento de la intervención de Fray Francisco a lo largo del tiempo que duró el sitio, debido a las disposiciones previas a la rendición de la plaza tomadas por su Gobernador Andrés Pérez de Herrasti, los archivos y la documentación de las actas de la Junta fueron quemadas previamente a la entrada en la ciudad de las tropas francesas.

El 21 de junio de 1810, en el fragor del sitio, falleció el Obispo Fray Benito Uría y Valdés, se celebraron las honras fúnebres de su entierro en la Capilla Mayor de la Iglesia Catedral con la asistencia del Cabildo en pleno y todos los miembros de las Ordenes religiosas, entre los cuales estaría Fray Francisco Estévez, como se consigna en la partida de defunción del Obispo. Tras la rendición de la plaza los vencedores pusieron a los miembros de la Junta de Defensa en condición de prisioneros para su traslado a Francia, se prohibieron los servicios religiosos y la Catedral fue cerrada al culto por la nueva autoridad gubernativa francesa para ser dedicada a almacén de efectos militares,  y así permaneció hasta después de su liberación, tras el Sitio ingles de 1812, volviéndose a recuperar para el culto desde el 5 de julio de ese mismo año.

El relato de los hechos del Sitio es sobradamente conocido y documentado, por lo que se queda fuera del objeto de este trabajo. Las referencias a Fray Francisco Bonifacio, Superior de los Trinitarios Descalzos, se pierden en él, no lo encontramos entre los fallecidos registrados en los libros de defunción de las diferentes parroquias mirobrigenses, ni aun en la de su ciudad natal Hinojosa, tampoco lo encontramos entre las noticias de los que lograron fugarse tras la rendición, lo que nos hace pensar que se encontraría entre las tropas y miembros de la Junta conducidos a Francia como prisioneros de guerra, tampoco tenemos noticias de él entre los  que regresarían a partir de 1814 por un decreto del Gobierno Provisional de Luis XVIII, en el que se disponía que “para poner fin al flagelo de la guerra y reparar en lo posible sus terribles resultados, todos los prisioneros de guerra serán puestos a disposición de sus potencias respectivas”.

Al concluir la Guerra de la Independencia, en 1814, se reedifico de nuevo el Convento, aunque no en la sólida fabrica en la que anteriormente estuvo construido, siendo el resultado muchísimo más modesto. En el periodo entre 1814 y 1833, era presidente del nuevo cenobio, que no ministro, probablemente dado el escaso número de trinitarios que convivían en Ciudad Rodrigo, Fray Miguel Hernández Bollado. También conocemos el nombre de otro miembro de la comunidad ya que se le cita en una visita del obispo el 1 de septiembre de 1924, en la que se comisiona a Fray Manuel Osorio, como ecónomo de la parroquia de San Cristóbal. En 1825 había en la comunidad ocho sacerdotes, y el inmueble destinado a convento, contaba con nueve celdas, y una pequeña iglesia. El Convento desaparecería con la desamortización, en 1835, siendo su ministro superior el predicador general Antonio Blanco (El Heroismo Mirobrigense de 1808 a 1810. La Historia contada por sus habitantes., 2016, pág. 505) (Porres Alonso, 2000, pág. 679)

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Armas de Fray Francisco Bonifacio Estévez como Superior del Convento de Trinitarios de Ciudad Rodrigo

Su sobrino Fray Manuel, sobrevivio al terrible sitio, y ya exfraile regular fue comisionado el 25 de noviembre de 1810 para el servicio provisional hasta la toma de posesión del titular asignado, Don Vicente Martin de las Eras, de la segunda racion de la parroquia de San Pedro de Hinojosa de Duero, el nombramiento fue hecho por el Ldo. Canonigo Penitenciario y Gobernador Capitular de la Diocesisis Don Benito de Chaves, pues la sede estaba vacante por la reciente muerte de Fray Benito Uria, su titular. Tomo posesion el 29 de noviembre de 1810 como consta en los documentos diocesanos junto al beneficiado de la primera ración Don Pedro Carrera. (Obispado de Ciudad Rodrigo – Hinojosa de Duero – Parroquia de San Pedro – Defunciones y memorias funerales 1800-1819) El mismo dia de la toma de posesión los regidores del Ayuntamiento de la Villa exponían su queja al Obispado en su escrito ante el secretario de Ciudad Rodrigo manifestaban que no eran necesarios los servicios de los racioneros por estar suficientemente atendida la parroquia con su titular, Juan Galante, beneficiado y cura parroco, y razonando lo gravoso que sería su mantenimiento dada la situación precaria del mismo, por las permanentes mermas de fondos ocasionadas por la guerra en curso, “debidas a las muchas exaciones tanto de dinero como de viveres, que se están suministrando a las tropas para la subsistencia de ellas”. Una semana despues, el 7 de enero, el gobernador diocesano acepta las razones que mueven la queja de los regidores del ayuntamiento y se hace cargo de los motivos de la corporación, aun expresando su pesar por ello, pide que a los beneficiados les sean abonados los haberes que les corresponden por el tiempo en el que han ejercido y en tal decreto revoca y anula el anterior, ordenando que se notifique la decisión  a los presbiteros perjudicados Don Pedro Carrera y Don Manuel Estevez, lo que se hace de palabra con esa misma fecha.

Bibliografía

El Heroismo Mirobrigense de 1808 a 1810. La Historia contada por sus habitantes. (2016). Salamanca: Diputacion de Salamanca.

Familysearch.org. (s.f.). Recuperado el 27 de 09 de 2017, de Familysearch.org: https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HY-DHFQ-6NT?i=5&wc=9PP8-HZQ%3A141479901%2C153892301%2C141512102%2C154953501&cc=1784529

Muñoz Garzón, J. T. (27 de enero de 2015). Cantaro de Palabras. Obtenido de Apuntes sobre la fortificación de Ciudad Rodrigo (VIII): http://rodericense.blogspot.com.es/2015/01/apuntes-sobre-la-fortificacion-de_27.html#more

Porres Alonso, B. (2000). Actas del Congreso de Historia de la diócesis de Ciudad Rodrigo, El convento de la Santísima Trinidad de Ciudad Rodrigo, (Vol. II). Ciudad Rodrigo: Diocesis de Ciudad Rodrigo.

Rendon, D. d.-D. (1882). Historia de la M.N.Y.L. Ciudad de Ciudad Rodrigo. Ciudad Rodrigo: Establecimiento tipográfico de Angel Cuadrado y Rosado.

Sanchez Cabañas, A. (1861). Historia de la M.N.Y.M.L. Ciudad de Ciudad Rodrigo. Ciudad Rodrigo: Imprenta nueva de Doña Carmen Verdi.

[1] En algunos registros, por ejemplo, en su partida de nacimiento, el apellido se inscribe como “Estébez”.

[2] El padre de Francisco había contraído un primer matrimonio con María Márquez Sánchez el 10 de octubre de 1738, pero su esposa fallecería poco después del nacimiento de su primer hijo, José, el 22 de diciembre de 1737, este hijo tampoco sobreviviría.

[3]  Licenciado Don Agustín Vidriales Santos, 1696-1770. Sacerdote. Tenía concedida la segunda ración con servicio de altar de la Parroquia de San Pedro Apóstol de Hinojosa de Duero según consta en el Catastro de Ensenada. Por los registros firmados sabemos que ejerció entre 1734 y 1752. (ascendente familiar del autor)

[4] Casada con Sebastián Vidriales Gómez, del benemérito instituto de la Guardia Civil, padre de mi abuelo Tomas y padrino de bautismo de mi padre, Bernabé Vidriales Bustamante.

[5] San Francisco, Santa Cruz, Santo Domingo y Trinidad Calzada

[6] La componían: Don Ramón Blanco, teniente de Rey en la plaza. Don Benito Uría Valdés, obispo de la diócesis. Don Miguel Cáceres y Centeno, caballero maestrante de la Real de Granada y regidor perpetuo de esta ciudad. Don Francisco y Don. Sebastián del Águila. Don Pedro Téllez de Osorio. Don Antonio de Castro. Don José de Miranda, Don Alberto Chacón. Don Esteban Mejía. Don Benito de Céspedes. Don Francisco Ruigomez. Don N. de Larreta. Don Tomás de Villaranda. Don Manuel Centurión. Don Fernando de la Concha. Don José Arias. Don A. Rodríguez. Don Manuel de las Casas. Don V. Ruiz de Alvillos. Don B. del Castillo. Don Antonio Sierra. Don N. Verdejo. Don G. González Don M. Ruiz. Don Tomás Aparicio. Don S. Gallardo. Don José M. del Hierro. Don José y Don Tomás Taravilla. Fray Francisco Estévez, Fray Juan Guerrero, Fray José Hermano. Fray Nicolás Patino y Fray Francisco de Roma. (Rendon, 1882, pág. 150)

[7] La residencia monacal del Convento de la orden de la Santísima Trinidad – Redención de Cautivos en Ciudad Rodrigo, se emplazaba en el Campo de Toledo, y vendría a ocupar el espacio en el que hoy se asienta el Instituto de Enseñanza Secundaria “Tierra de Ciudad Rodrigo”.

Ciudad Rodrigo y La Orden de Alcántara

Es asunto poco conocido entre nuestros paisanos la importancia que, para la creación de la Orden de Alcántara, desempeño la historia de Ciudad Rodrigo cuando esta era aún la última frontera del Reino de León.  Haciéndome humildemente vocero de Don Antonio Sánchez Cabañas traigo hoy aquí sus palabras, transcritas de su obra, amén de unos cuantos datos sobre la Orden de Alcántara y su historia hasta nuestros días.

 

ORIGEN Y PRINCIPIO DE LA ORDEN DE ALCÁNTARA.

Los últimos años del emperador don Alonso Ramón[1], en la Era 1194, que corresponde al año de nuestro Redentor de 1156, dieron principio a la caballería de San Juan del Pereiro, llamada hoy de Alcántara, dos caballeros naturales de Salamanca.

Por este tiempo los moros infundían miedo de sus armas en todas las fronteras cristianas, particularmente en esta [2] por estar despoblada la ciudad y no haber quien quisiera hacer asiento en ella, lo cual visto por don Suero Fernández [3], caballero principal de Salamanca, resolvió con deseos de servir a Dios, en unión de otros que se le asociaron, venir a defender esta comarca.armas-personales-barrientos

Armas de Barrientos – Incluye la atribución de los primeros Priores de la Orden de Alcántara a dos caballeros de este linaje. (Armorial de Córdoba)

Para ponerse más cerca de las tierras enemigas, se fueron a una ermita titulada de San Julián, donde hallaron un ermitaño que hacia vida solitaria, distando aquella como ocho leguas de Ciudad-Rodrigo en las riberas del río Coa y no lejos del castillo que fundó el conde Don Rodrigo, por quien se llamó y| llama hoy Castel-Rodrigo, dentro por supuesto del mismo Portugal.

El ermitaño, llamado Pedro, les aconsejó edificasen así una torre, y habiendo acudido mucha gente a tan santa obra, en breve fue concluida, dando principio desde ella estos caballeros soldados a sus conquistas, en las cuales salieron vencedores de los moros y con muchas riquezas.

Aconséjales también el ermitaño que a imitación de los caballeros de Santiago fundasen una hermandad. Pareció bien a todos la idea, y consultándolo con Ordoño, obispo de Salamanca, según refiere Gil González de Avila, libro 9, cap. 13, la aprobó, indicándoles que estableciesen la regla de San Benito, conforme al Orden del Cister que florecía en España.

Establecida esta Orden hicieron prior a don Suero Fernández, que pidió aprobación y confirmación al Papa Alejandro III, el cual la confirmó el año de 1167, según Rade, cronista de esta Orden. Los caballeros legos andaban con vestido seglar, pero honesto, y los clérigos con hábito clerical; unos y otros para diferenciarse de los demás caballeros y clérigos, traían en un principio unas chías de paño y un escapulario, mas después que fue aprobada la orden por la santa Sede, en lugar de chías se les dio una cruz verde.cruz-de-orden-de-alcantara

Sucedió que en un encuentro que tuvieron con los moros, murió el prior don Suero Fernández, y encargóse de este oficio un hermano suyo llamado don Gómez, el cual tomó el título de maestre del Pereiro, como lo llama en la bula el Papa Lucio III, que volvió a aprobar esta Orden el año de 1183, mandándoles guardar la regla de San Benito, limitada y arreglada a sus estatutos, como convenía á su ejercicio militar. Este Pontífice hizo exenta esta Orden y que fuese “nullius diócesis”[4], por súplica de dicho maestre y de los prelados siguientes: arzobispo de Santiago, obispo de Ciudad-Rodrigo, en cuyo distrito estaba, los de Lamego, Salamanca, Coria y Viseo. En esta bula están especificados los bienes que la orden poseía al tiempo de su expedición, y son: San Julián del Pereiro con sus términos, las villas de Turpino, Herrera, Colmenar, Almendraseca y la Granja de Fonseca, a media legua de esta ciudad [5]; habiendo adquirido después los caballeros de esta Orden otros muchos bienes, villas y castillos que ganaron a los moros, o bien que les fueron donados y cedidos en los partidos de la Serena y Alcántara, en cuya ciudad se halla al presente la casa conventual de la Orden. (Cabañas, 1861, págs. 37,38,39)

 

 

Desde sus comienzos, como ya se ha dicho, a mediados del Siglo XII y hasta finales del Siglo XV, la Orden estuvo dirigida por treinta y nueve Maestres, tras los que la dignidad fue transferida a la Corona. En 1492 Fernando II de Aragón consiguió del Papa Alejandro VI la concesión del título de Gran Maestre de la Orden con carácter vitalicio. Por aquel entonces, los territorios de la Orden abarcaban parte de la actual provincia de Cáceres en su límite con Portugal, las estribaciones de la Sierra de Gata y la comarca de La Serena al oeste de la actual provincia de Badajoz, junto a algunas posesiones aisladas en Andalucía y Castilla (Alcantarilla y Morón).

En 1522, Adriano VI concedió a su antiguo pupilo y ahora Emperador, Carlos I de España y V de Alemania, el título de Gran Maestre de la Orden, junto con el de las otras tres órdenes militares de España, con carácter hereditario. Los Caballeros de Alcántara fueron liberados del voto de celibato por la Santa Sede en 1540.

Por el Concordato de 1851 se permitió a las cuatro Ordenes Militares la jurisdicción eclesiástica sobre sus territorios, quedando como titular de la jurisdicción el titular de la Corona de España, en el momento de la concesión, la Reina Isabel II.

La Primera República Española dispuso la abolición de todas las órdenes militares. El Papa Pío IX, considerando la jurisdicción eclesiástica de las órdenes abolidas, transfirió la administración de sus beneficios a las diócesis más cercanas, mediante la bula “quo graviu” el 14 de julio de 1873. El Presidente de la República, Francisco Pi y Margall, viendo esto como una concesión del Papa, restableció las órdenes militares y su órgano rector, el Tribunal.

Alfonso XIII obtuvo de facto la aprobación del título de Gran Maestre y Administrador Perpetuo cuando la Santa Sede confirmó ciertas regulaciones en 1916. Con la caída de la Monarquía, tras los resultados obtenidos en las elecciones municipales en las principales ciudades y a pesar de no haber ganado las elecciones los partidos republicanos, se proclamó la Segunda República, esta pretendió suprimir las órdenes con un decreto de 29 de abril de 1931, apenas dos semanas después de la proclamación, y disolver el Tribunal, pero no mencionaron el Consejo de las Órdenes Militares, dejando a la situación jurídica de este cuerpo intacto. La represión ejercida contra los sectores católicos provocó una protesta inmediata por parte del Cardenal primado ya que el carácter religioso de estas órdenes fue reglamentado por el Concordato que la República tenia firmado con la Santa Sede. En una modificación del acto anterior, el Ministerio de Guerra, por decreto del 5 de agosto de 1931, declaró las cuatro órdenes sujetas a la ley española de asociaciones y nombró una “Junta o Comisión Provisional”, a la que dio personalidad jurídica en lugar del Consejo.

Terminada la Guerra Civil con la caída de la república y tras el periodo del Régimen del General Francisco Franco e instaurada la Democracia tras la transición política, el hijo menor de Don Alfonso XIII, Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, padre de Don Juan Carlos I, fue nombrado oficialmente por su hijo “Deán Presidente del Real Consejo de las Órdenes de Caballería de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa” en 1978. Después de su muerte, el Gran Comendador de la Orden de Alcántara, el Infante Don Carlos, duque de Calabria, fue nombrado su sucesor y a este le sucedería el 28 de abril de 2014 Don Pedro de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, Duque de Noto, quien actualmente desempeña la presidencia. (Ignacio José Ortega y Cotes, 1759)

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SM Felipe VI con Hábito de la Orden de Alcántara interpretación libre Manel González López

Bibliografía

Cabañas, A. S. (1861). Historia de la muy Noble y muy Leal ciudad de Ciudad Rodrigo. Ciudad Rodrigo: Imprenta nueva de Doña Carmen de Verdi.

Ignacio Jose Ortega y Cotes, J. F. (1759). Bullarium Ordinis Militiae de Alcántara. Madrid: Tipografía Marín. Madrid: Tipografía Marín.

Notas

[1] Alfonso VII de León

[2] Ciudad Rodrigo

[3] de Barrientos

[4] Nullius Diócesis – Independiente de la sede Diocesana

[5] Ciudad Rodrigo